Migrantes y refugiados, entre los más afectados por el Covid-19
El llamado para combatir el Covid-19 es casi el mismo en todo el mundo: quedarse en casa y estar a más de dos metros de otras personas cuando se deba salir. Pero estas medidas parecen imposibles de practicar en campamentos de refugiados como el de Kutupalong, en Cox’s Bazar, Bangladesh, donde viven miles de refugiados por cada kilómetro cuadrado y duermen más de cinco migrantes en tiendas de campaña que no superan los tres metros de largo.
El lavado de manos constante como lo recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS) es difícil en lugares como Lesbos, en Grecia, donde hay un solo grifo de agua por cada 1.300 refugiados.
Y si llegara un brote generalizado dentro de algún campamento en el mundo, “es probable que los desplazados internos y los refugiados opten por escapar de nuevo en busca de un lugar seguro, lo que podría desencadenar una reacción violenta de las poblaciones y las autoridades locales y derivar potencialmente en violencia”, como advierte la OIM.
Pero esas no son las únicas dificultades que atraviesan los migrantes y los refugiados. A las precarias condiciones sanitarias se suman las restricciones de movilidad que están enfrentando muchos de los 25,9 millones de refugiados que hay en el mundo según la OIM. Esto se vive particularmente en América Latina, pues los países a los que aspiraban llegar no los quieren recibir durante la pandemia y no pueden volver a sus naciones de origen porque el coronavirus también hizo que sus gobiernos cerraran las fronteras.
Estos son algunos de los casos más críticos del mundo en donde los migrantes y los refugiados quedaron contra la pared a causa del Covid-19.
Comentarios
Publicar un comentario